Esta pasión o devoción, no sólo es en época de veda, sino que una vez acabada ésta, hay que pensar en preparar los terreros, para que los reclamos pasen los terribles meses de estío, pasen la muda o despelechen de la manera más cómoda posible. Desinfectándolos, retocándolos e incluso pintándolos. Echarles la más limpia y aséptica arena aunque haya que buscarlas a las orillas de las riberas más escondidas.
Lógicamente, “los pájaros”, como gallináceas que son, deben estar, por otra parte, locos por "tomar tierra", después de tanto tiempo en la jaula a palo seco, y los amos que lo saben, lógico es que anhelen, asimismo, darles tal complacencia y, a la vez, contemplarlos, metidos en estos deliciosos oasis, bañándose en la arena con ese apasionado y rítmico remolino de patas y alas que, tan sensual y gratificante debe resultarles, pues hasta se les puede oír gemir de placer.
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